Por: Jesús González

Chetumal.- Por enésima ocasión Carlos Joaquín puso en claro que trae en las palmas de sus manos el escenario político para las elecciones del 2018, porque a pesar del bombardeo recibido por parte del presidente nacional del Barzón, Alfonso Ramírez Cuellar -quien no pierde la oportunidad para promocionar a AMLO en todos sus eventos-, salió intacto con una asombrosa e envidiable frialdad que muy pocos políticos poseen en la actualidad.

En septiembre pasado, a días de iniciar su gobierno, negoció con el blanquiazul importantes posiciones en su gabinete pero no dio margen para que la dirigencia nacional o grupos políticos de la ultra derecha mexicana cooptaran su ideología política.

De la misma forma se deshizo del sol azteca, a quienes cedió espacios en el gabinete legal, ampliado y en paraestatales a fin de saldar cuentas y hasta ahora ha evitado asistir a eventos muy pero muy partidistas de la izquierda radical. Cuando menos en lo que concierne a los que organiza el PRD-Quintana Roo.

En esta ocasión ocurrió algo similar porque acudió a un evento de la dirigencia estatal del Barzón, cuyo presidente nacional, Poncho Ramírez se ha abierto como fiel seguidor de Andrés Manuel López Obrador y muchas de sus agrupaciones estatales simpatizan con el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Ni tarde y sin pereza Carlos Joaquín se deslindó de la afinidad política del Barzón y dejó en claro que su asistencia al evento obedecía a la invitación hecha por Patricia Palma, dirigente estatal del Barzón y no a cuestiones políticas.

Resulta obvio que en estos momentos lo que menos busca el Gobernador de Quintana Roo es ser identificado con algún grupo político nacional o estar de acuerdo con algunos de los presidenciables. Por experiencia propia Carlos Joaquín sabe que aún es prematuro “abrirse” o mostrar su simpatía o empatía por alguien en particular.

Seguramente los gurus de antaño y los de ahora recomiendan a Carlos Joaquín andarse con “pie de plomo” cuando menos de aquí a principios del 2018, pero el objetivo es claro: mantener en el primer círculo de la política nacional la figura del gobernador quintanarroense para lo que venga y obviamente tener el control de Quintana Roo para las elecciones del 2018, 2019 y 2021.

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