Por: Carlos Barrachina Lisón

Para los que nos interesa la generación de bienestar en el Estado de Quintana Roo, no hay duda en que hay que desarrollar económicamente tanto el centro como el sur de la entidad. Ideas pueden ocurrirse muchas, pero sin la voluntad de los actores políticos y sociales, es prácticamente imposible que éstas se concreten.

No es aceptable que los políticos piensen que ir a vivir a la capital del Estado, es una especie de destierro o castigo, y que con la mínima excusa salgan corriendo hacia otros lados de la geografía estatal a vivir su buena vida, porque en el sur ello no es posible (por supuesto no incluyo a todos, y menos a los que tienen su residencia familiar permanente, desde hace años, fuera de la capital del Estado).

Se prometió, por la actual administración, desarrollar económicamente Othón P. Blanco y Bacalar; y nada de ello ha sucedido. Todo el capital político que se había recogido en el año 2016, se evaporó casi de forma mágica. El efecto AMLO fue muy importante, pero también lo fue el enojo de la ciudadanía contra la falta de resultados y de inteligencia de la administración de Carlos Joaquín González. ¿En dónde están los planes de desarrollo? ¿Qué es lo que se ha realizado? ¿En dónde encontramos la voluntad de un cambio, aunque éste sea mínimo?

Pareciera que ahora todo lo que interesa es congraciarse con las elites morenistas, y ver cómo continuar con la carrera política personal, a cualquier costo. El ejemplo más evidente es el de Maribel Villegas, pero ustedes saben que podríamos encontrar muchos más. No es una gran sorpresa, pero si es una lástima. No existen proyectos diferenciados, ni alternativas políticas para proponer y llevar a cabo políticas de desarrollo consistentes. Existen grupos, que no piensan en los ciudadanos, y que no tienen ningún interés en cumplir, excepto consigo mismos, sus beneficios y compromisos.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para que nos escuchen? No tengo idea. Tampoco soy economista, ni tengo visión de empresario. Les confieso que no sé cómo se ha de impulsar el desarrollo económico del sur del estado; pero sí estoy cierto, que ello es posible reuniendo a personas que sí sepan qué es lo que hay que hacer, que tengan los recursos necesarios para invertir, y la voluntad política a su lado.

Estos días de consultas simuladas, me atrevo a compartir mi opinión a favor de la construcción del “tren maya” (especialmente si el punto de mantenimiento se establece en Chetumal). Pienso sinceramente que bien canalizado, éste puede ser un factor de desarrollo industrial y de servicios en el sur de la entidad. También las zonas rurales pueden verse beneficiadas con esta infraestructura, y las posibilidades de transportar mercancías perecederas de forma rápida y eficiente.

Me gustaría poder confiar en los gestores de la obra, y que éstos invirtieran de forma efectiva (se puede hacer), para minimizar los efectos negativos sobre el medioambiente y los ecosistemas; que se preservaran los corredores naturales de animales, y se construyeran pasos para que se interrumpiera lo menos posible las dinámicas y los territorios de las especies locales. Ello se hace en muchas obras de estas características a lo largo y ancho del mundo, sin embargo, nuestra experiencia muestra, que es muy probable que esto no se respete, y que la corrupción se imponga (en este caso en la administración pejista). En mi opinión, se deben combinar las dos cosas: el desarrollo y la protección ambiental sustentable.

Desgraciadamente, en un contexto autoritario y corrupto como el que nos toca vivir, todo es más complicado. Políticos, empresarios, ejidatarios, sindicatos e incluso algunas organizaciones de la sociedad civil están permeados por intereses que van en contra del interés colectivo.

De momento estamos condenados a estar sujetos al dictado de los caprichos de los poderosos, sin embargo, nadie nos quita la posibilidad de no cejar en nuestra petición de desarrollo. Si no levantamos la voz, todo seguirá igual. Quizás es el momento de que empiecen a consolidarse opciones ciudadanas verdaderamente independientes; pero de momento hay que seguir, desde las diferentes trincheras pidiendo justicia y desarrollo.

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