Por: Jesús Amador

Chetumal.- Diluidos, desorientados, disgregrados e incluso hasta escondidos, así se observan a los principales dirigentes del Partido Verde (PVE) en Quintana Roo a pesar que su pesadilla apenas empieza.

Contrario a lo que ocurrió en la última década (hasta el 2016) cuando los máximos exponentes del Partido del Tucan en Quintana Roo acostumbraban a dar la nota con temas rimbombantes, ahora en el 2019 han perdido fuerza y la brújula en la arena política quintanarroense.

Y esto es significativo por dos razones: Hace menos de tres años el Verde fue la primera fuerza política en el municipio de Benito Juárez (Cancún) donde Remberto Estrada ganó con más de 80 mil votos a los ex presidentes municipales Julián Ricalde y Greg Sánchez. Y con él ganaron seis candidatos a diputados del Verde que integran la actual XV Legislatura.

Fue un triunfo conseguido de la mano del PRI y Nueva Alianza, con la constancia en su operación política, misma que generó criticas y sanciones de la autoridad electoral de entregar con puntualidad y generosidad despensas en todos los seccionales de Cancún. Ganaron la presidencia y las diputaciones, justo cuando esa misma Coalición perdió la gubernatura y otros municipios del estado, en Cancún los votos fueron consistentes. Lo que parece una hazaña.

Las miradas de esperanza de los priistas perdedores se dirigieron hacia el Verde. Desde allí darían un reposicionamiento político -decían-, pero la historia a partir de allí se torció para el Verde. Desde la misma instalación de la legislatura, el “niño verde” Jorge Emilio González fracasó en su intento por obtener la presidencia de la Gran Comisión. Los verdes, en especial las diputadas verdes, se mostraron muy verdes en política, sin saber ser líderes, ni oposición. No se les vio nunca de regreso en sus distritos. Se diluyeron.
Y se fraccionaron.

Por un lado, Jorge Emilio metiendo mano en el ayuntamiento y difiriendo en puntos de vista con su alcalde. Por otro, el propio alcalde que teniendo el control de los recursos, se consideró dueño del balón. Y en un tercer bando, José de la Peña, el dirigente estatal y diputado, que nunca pudo liderear a sus diputadas, demasiado sofisticadas para entender al común de los mortales.

Otro factor fue la enorme presión ejercida por el gobierno del estado y sus operadores atribuyéndole absolutamente al ayuntamiento verde los ejecutados, las balaceras y el incremento de la violencia. Remberto también se olvido de cobijar a los huérfanos tricolores, pero, pagó el costo: dos años después no pudo buscar la reelección.

Declinó, quizás pensando que con sus nuevos aliados del partido MORENA podrían regresar para estas fechas, cuando su nombre, el de su madre y el de varios de sus cercanos colaboradores fueron mencionados con insistencia para las candidaturas de la coalición “juntos haremos historia por Quintana Roo”, lo que finalmente no ocurrió, ya que cada vez que salían a la luz, desde el actual ayuntamiento morenista se publicaba que hay presunción de lavado de dinero en la administración verde.

El Verde ha sido ninguneado como nunca por su aliado MORENA en este proceso. La dirigencia nacional rompió la alianza y sustituyó candidatos. La reelección ni soñando para los diputados verdes.
Solo sobrevivió Tiare Schelezke, cuya característica principal como diputada es faltar a las sesiones, y registraron al candidato independiente, ahora verde, Gustavo Miranda por el distrito 8 de Cancún. A los que se les ven muy pocas posibilidades.

Así es como el Verde en Quintana Roo diluyó su posicionamiento en solo tres años, y, por lo menos en el capítulo electoral 2019, no figura.

Entonces, desde ahora podríamos decir que es guajiro el sueño del niño verde por querer gobernar Quintana Roo a partir del 2022?

Tiempo al tiempo…

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