Carlos Barrachina Lisón

La UQROO es como una montaña rusa. Vive momentos de tranquilidad mientras poco a poco va subiendo el carrito a lo más alto de la rampa, acumulando tensión y se desprende de repente al vacío con una velocidad de vértigo que no sólo te eriza los pelos, sino que te hace gritar como loco.

La “grilla” de la UQROO es muy dura. Es muy humana y descarnada. Los profesores de tiempo completo son pocos y se conocen muy bien. Algunos son buenos investigadores, otros son buenos docentes, y otros combinan las dos facetas. Unos poquitos también son buenos administradores. La mayoría se acomoda en los carritos de la montaña rusa y se deja llevar silenciosamente por los altibajos que tocan vivirse en los diferentes momentos. Otros son “porros” profesionales que sólo calman su ambición cuando tienen un cargo administrativo que les permite tener un salario que su rendimiento como investigadores o profesores no les permite, y unos pocos nunca debieron acceder a una plaza de profesor universitario.

Hay mucha gente buena entre los docentes de la UQROO; entre los de carrera, y entre los de honorarios o asignatura. He señalado en muchas ocasiones que me siento orgulloso de ser profesor de la máxima casa de estudios de Quintana Roo (aunque ahora me encuentre con licencia sin goce de sueldo). En general se ha hecho un buen trabajo, y muchos alumnos que nunca hubieran podido estudiar han tenido la oportunidad de hacerlo. Ya tenemos muchos doctores, egresados de la UQROO, impartiendo docencia en muchos lugares de la República, y buenos profesionistas en diferentes ámbitos de la vida pública y privada del estado.

No creo que la “autonomía” sea la solución, porque este discurso se ha utilizado de bandera política por algunos personajes que le han hecho mucho daño a la institución, y que cuando han accedido a posiciones administrativas o se han dedicado a la “venganza personal”, o han “hundido” los programas que les han tocado gestionar.

Si los gobernadores fueran más conscientes seleccionarían buenos administradores como rectores, y éstos se dejarían apoyar por un académico en la Secretaría General que conocedor de la dinámica interna universitaria le apoyara a gestionar bien la Universidad (como señala el reglamento), seleccionando un buen equipo de trabajo (desligado de intereses partidarios o clientelares). Esta figura generaría una sana rotación de liderazgos, y los académicos que deben apoyar la gestión no se “endiosarían”, porque serían conscientes que una vez cumplido su cometido, deberían regresar a la labor docente e investigadora por la que fueron contratados.

En la UQROO existe autonomía para definir programas educativos, para crear las mallas curriculares y para muchas otras cosas que tienen que ver con lo interno. El reglamento y las directivas internas se siguen en la mayoría de los casos de forma escrupulosa. Hasta tal punto esto es real, que, por poner un ejemplo, cuando Félix González Canto solicitó que la Universidad creara un programa básico de “español” para reforzar las competencias de los docentes de la educación media superior del estado; los responsables de responder al pedido, impulsaron sus propios intereses y alimentaron un programa de maestría que no tenía ninguna relación con la preocupación del ejecutivo. Tan inconscientes fueron que hasta les ofrecieron becas del CONACYT a los directores de los planteles educativos de enseñanza media-superior, a sabiendas que, al no ser estudiantes de tiempo completo, nunca los docentes hubieran podido acceder a estos apoyos. Nunca pasó nada y el Gobierno guardó silencio.

Muchos académicos y políticos tienen el sueño de llegar a ser el Rector de la Universidad de Quintana Roo. Sin embargo, el éxito en la gestión no está garantizado ni con unos ni con otros. Pensar que una declaración formal de autonomía evitará la intervención de un Gobernador es una ingenuidad, como lo muestra esa dinámica en muchos estados de la República. Lo que sí es cierto, es que la Universidad no debe ser vista como una Institución más de Gobierno, ni debe ser utilizada como agencia de colocación de empleo partidario. Si uno repasa los apellidos de muchos de los trabajadores de la Universidad, nos encontramos los nombres de las familias más conocidas e integradas a la vida pública de las ciudades en las que se encuentran los campus. En cierto modo es normal por el momento en el que fue fundada la Universidad, pero ello no debe significar que la UQROO es un botín de guerra. Es una institución de educación superior, y debe ser respetada.

Ya son varios los rectores que han ocupado esta posición. Todos han sido elegidos por sus méritos políticos. Algunos se han sabido rodear mejor y otros peor. Los peores momentos han sido en los que los “porros” de la universidad, de uno u otro grupo han tenido una posición de poder significativa. En esos momentos lo peor del ser humano ha salido a la luz. Es, sin embargo, curioso: muchos de éstos que atacan sin piedad en lo oscurito, son de lo más disciplinados en los órganos colegiados; y salvo honrosas excepciones han aprobado sin chistar todo aquello que han ordenado o sugerido las autoridades políticas del estado (incluyendo cuestiones patrimoniales o presupuestarias que afectaron negativamente a la institución). La mayoría de los profesores ni se acercan (excepto en momentos críticos), a las Asambleas del Colegio de Académicos, por el cansancio que provoca tanta grilla y tanto subir y bajar la montaña rusa.

En estos momentos le toca vivir el vértigo a Ángel Rivero Palomo. ¿Es su administración defendible? Supongo que debe ser analizada y evaluada con detalle. Lo que no hay duda es que porros como Rafael Romero Mayo y Raúl Arístides Pérez Aguilar, ahora en posiciones políticas de poder, se encuentran detrás de la tensión que se está viviendo en estos momentos. Se huele sangre y tambores de guerra … y ese ambiente no agarra de nuevo a ningún veterano universitario; es parte de un rito secuencial al que lamentablemente estamos acostumbrados.

Ojalá y las autoridades vean más allá y piensen en el bien de una Universidad que necesita estabilidad y prudencia. Ojalá los buenos maestros templen sus armas, y sus mentes y lo que salga de este desmadre sea positivo. Hay mucho cariño y dolor en la máxima casa de estudios de Quintana Roo. De momento, los momentos más crudos, se han derivado de aquellos en los que las coaliciones internas coyunturales se han lanzado como lobos sobre las otras, y eso se ha de evitar en la medida de lo posible.

En este sentido hay que ponerse como objetivo el lograr la estabilidad que se perdió en el año 2008 con el inicio de los problemas económicos, y la utilización de la Universidad como caja chica del Gobierno. Los profesores tienen el derecho de recategorizarse en base a sus méritos, deben existir fondos para realizar investigación y condiciones para trabajar. La “austeridad republicana” debe vivirse en todos los ámbitos de la vida universitaria, y la democracia interna debe huir de la cultura política autoritaria que lamentablemente tienen interiorizada muchos integrantes de la comunidad.

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