Por: Carlos Barrachina Lisón

Señalaba el otro día, que Manuel Alamilla, lamentablemente, para los que le teníamos aprecio y le apoyamos con toda nuestra voluntad y talento, no sólo en el proceso de cambio, sino desde hace años, se ha mostrado como una gran decepción personal.

Su estilo agresivo con las personas, y especialmente el no haber cumplido compromisos y haber faltado a la verdad en demasiadas ocasiones, ha hecho que la brecha entre su credibilidad y su accionar se haya abierto demasiado.

Paralelamente a esto ha desarrollado una paranoia muy interesante: ve fantasmas, enemigos y filtradores de información en todos los escenarios posibles, e incluso en algunos imposibles.

Ahora empiezo a entender por qué tiene ese problema. Son demasiadas personas a las que ha dejado abandonadas en el camino. Son los incontrolables resentimientos que sus acciones, que muchos califican motivados por la soberbia y la ambición, los que le van a cobrar factura.

Me apena decir, que una vez más en mi vida, y ya van varias, me equivoqué al juzgar a una persona.

He de confesar que me sorprendió verlo llegar con un Mercedes Benz deportivo negro, un día que quedamos para comer en Cancún, en medio de la campaña. Sin embargo, no le di mayor importancia (tengo algún amigo con gastos caros, especialmente en lo que se refiere a automóviles). También que le creí, cuando en una llamada por teléfono, abrió su pensamiento conmigo y me señaló que tanto era su trabajo, que no podía atender a sus amigos más cercanos en Chetumal, y que éstos estaban empezando a considerarlo, según sus propias palabras: “un mamón”. Son señales que no debía haber pasado por alto.

Estoy descubriendo que una de las habilidades principales del Oficial Mayor del Estado de Quintana Roo, es la de enlodar la imagen de las personas… y que son muchas más de las que pensaba; las personas afectadas, que están dispuestas a comentar sus experiencias.

El paso de Manuel Alamilla Ceballos por el CEN del PRI, y la Secretaría de Energía de la mano de Pedro Joaquín Coldwell le dejó muchos enemigos. Eso le debe preocupar, porque en cuanto la información empiece a fluir, las personas que todavía confían en él, y que le sostienen en su posición política, van a sentir que, si traicionó a los que le impulsaron, seguramente hará con ellos lo mismo en el momento en que le interese a sus fines particulares.

Sigue existiendo en el ambiente la duda sobre si Alamilla fue corrido de la Secretaria de Energía. A él no le interesa aclarar la situación. Al contrario de Gerardo Mora, que el día de ayer salió a dar la cara frente a los medios de comunicación, por el problema laboral que se está viviendo en CAPA, Alamilla guarda silencio. La semana pasada recogía yo la opinión de una persona con buena información que señalaba que no sólo no fue corrido, sino que sigue operando para su anterior jefe.

Frente a esta declaración he recibido otras versiones, de personas también muy confiables, en relación a que el actual Oficial Mayor, fue apartado de sus responsabilidades, y que el Secretario de Energía guarda un recuerdo muy negativo de su ex colaborador.

En estas nuevas versiones las preguntas que se lanzan al aire son perturbadoras: ¿cuál es la razón, se señala, por la que Carlos Joaquín ha confiado en alguien que “traicionó” al Secretario de Energía? ¿Es posible que Alamilla haya tratado de condicionar a Pedro Joaquín en base a la información que posee tras muchos años de colaboración? ¿Por qué finalmente perdió la confianza? Se comenta, incluso, que pudiera haberse lucrado manejando la agenda de su jefe, actuando más como un intermediario, que como un secretario particular.

No creo que Alamilla aclare nada. De hecho, no tiene por qué hacerlo, y sin duda está muy ocupado con su encomienda gubernamental.

Sin embargo, es muy probable que la información a la que me refiero empiece a ser filtrada, y en ese caso, no sólo el Oficial Mayor se preocupe, sino la ciudadanía en su conjunto, que tiene derecho a conocer los detalles públicos y privados relacionados con sus servidores, tal y como el propio Gobernador ha señalado en numerosas ocasiones. Parece, entonces, que tendremos que esperar los tiempos.‎

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