Por: Jesús Amador

Chetumal.- La derrota que tuvo el Panal en la elección pasada caló hondo en varios de sus principales funcionarios, como es el caso del recién reelecto alcalde de Bacalar, Alexander Zetina Aguiluz, a quien la indecisión política invade de gran forma su tatema, a tal grado de negar su ayuda al gobernador Carlos Joaquín para desaparecer el requisito de los cinco años de residencia para que cualquier persona ocupe la Fiscalía General del Estado.

Acostumbrado a la política del avestruz, similar a la que ejercía su tutora Elba Esther Gordillo cuando lideraba al SNTE, Zetina Aguiluz optó por no convocar a sus regidores para aprobar o vetar la reforma constitucional que promovió la XV Legislatura para quitarle el candado de la residencia para la designación del «abogado quintanarroense».

Esa actitud de que «ni con Dios ni con el diablo» adoptada por el ex líder de la sección XXV del SNTE seguramente traerá fatales secuelas políticas que en el futuro inmediato repercutirán en la vida de los bacalarenses.

Lo ideal hubiera sido que los regidores bacalarenses decidieran avalar o vetar la propuesta de la reforma constitucional, si la respaldaban sería señal de apoyar la política del gobierno de Carlos Joaquín González y si se oponían, como lo hicieron sus homólogos de Benito Juárez (Mara Lezama) y Othón P. Blanco (Hernán Pastrana), contarían con el apoyo incondicional del próximo gobierno federal.

La actual condición política que se vive en Quintana Roo no da margen para actitudes como la expuesta por Zetina Aguiluz, son tiempos de quitarse la máscara de la hipocresía o de doble cara, hoy más que nunca los gobernados exigen a sus autoridades buscar coyunturas que permitan mejorar sus condiciones de vida.

Entonces, habría que sugerirle al novel alcalde madurar al respecto, hacerlo entender que hace años dejó la pubertad y que no son los tiempos para jugar con «melón o con sandía».

Habría que recomendarle al buen Zetina Aguiluz llevar a la práctica la «Ley del Pingüino», porque eso de caminar solo está cañón.

Tiempo al tiempo…

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