Por: Jesús Amador

Chetumal.- Aún cuando no es considerado año electoral, sin duda alguna el 2019 está cerrando como el punta de lanza para todos los políticos que aspiran a gobernar Quintana Roo en el 2022.

Cobijados en el naciente esquema quintanarroense, luego que el PRI perdiera la gubernatura en el 2016, los grupos políticos y económicos se han reactivado y desde ahora fraguan estrategias a fin de alcanzar la silla que estará vacante en septiembre del 2022.

A días de que el gobierno de Carlos Joaquín cumpla 40 de sus 72 meses de gestión, observamos como se reduce  -drásticamente- la lista de aspirantes y suspirantes que anhelan, a cuando menos, aparecer en la boleta electoral.

La mayoría de la camada de los políticos que se orquestaron en el 2016 se encuentran fuera de la jugada, contrario a lo que sucede con los que el 2018 saltaron a escena y que a través de negociaciones y trabajo de campo buscan ganarse la candidatura.

Varios políticos aprovechan al máximo el respaldo que tienen del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), principalmente el diputado federal, Luis Alegre Salazar, la presidenta municipal de Benito Juárez (Cancún), Mara Lezama y la senadora, Marybel Villegas Canché, quienes han integrado sus respectivos grupos de trabajo que recorren las arterias de los once municipios del Estado.

Politólogos, aprendices de la política, cafeteros y hasta líderes de colonia apuestan a que cualquiera de los arriba mencionados obtendrá la candidatura de Morena a la gubernatura de Quintana Roo.

Y vaya que tienen razón, o al menos compartimos sus respectivos puntos de vista porque cotidiamente observamos el quehacer tanto de Mara Lezama, Marybel Villegas y Luis Alegre, los tres inmiscuidos en su tarea de alcanzar mayor aceptación entre los Quintanarroenses, a través de su actual encomienda.

Atrás de ellos viene trabajando fuerte el «segundo grupo» que aspiran a gobernar Quintana Roo; estos están conscientes que deben seguir «picando piedra»  para mantenerse en la contienda, como por ejemplo:

El diputado federal, Jesús Pool Moo, sabe que juega contra tres pesos completos (Luis Alegre, Mara Lezama y Marybel Villegas), pero no se achica, está consciente que la compleja situación sólo podrá superar con trabajo porque no puede hacerlo con $.

Similar situación vive el alcalde de Cozumel, Pedro Joaquín Delbouis, primeramente tendrá que sortear todos los obstáculos que representa el apellido Joaquín y luego remar contra corriente para adjudicarse la candidatura del PRI.

Mediante la clásica política de «puertas abiertas» y su fundación, el presidente municipal de Lázaro Cárdenas, Nivardo Mena, continúa soñando con participar en la madre de todas las batallas, pero tiene muy poco margen de acción y tendrá que pelear muy fuerte para lograr la candidatura por el PRD u otro partido político.

En los últimos dos meses, el diputado local Pedro Pérez Díaz, el único sobreviviente -políticamente hablando- del gobierno de Carlos Joaquín, ha dado de que hablar. A través de un trabajo discreto ha cumplido con su responsabilidad, fue pieza clave para que la XVI legislatura alcance la gubernabilidad y para aprobar la solicitud del refinanciamiento financiero.

En un abrir y cerrar de ojos (últimos tres meses) Pedro Pérez se ganó la confianza de CJ, a tal grado de convertirse en su principal operador político en el Poder Legislativo.

Sin duda que este primer período de sesiones del Congreso de Quintana Roo sirvió para que José Luis «Chanito» Toledo Medina volviera a tener los reflectores encima, pero ahora bajo una nueva faceta, presentando iniciativas y exhortos que le han permitido recobrar la confianza de varios de sus seguidores, pero esto apenas comienza y si aspiran a gobernar Quintana Roo deberá redoblar esfuerzos y poner toda la carne al asador.

Otro que aun mantiene posibilidades de contender en el 2022 es el presidente municipal de Tulum, Víctor Mass Tah, pero deberá buscar más reflectores y salir de su zona de confort, en la que goza de la buena vida y contando billetes.

Don Víctor Mass (junto con Pedro Pérez Díaz), es en este momento son de los pocos politicos mayas encumbrados en la selecta lista para gobernar Quintana Roo. En el último sondeo salió bien posicionado, principalmente porque es oriundo de la zona, por hablar maya y ser desciendente de la casta divina.

Existe un «tercer grupo» o mejor dicho, el «grupo de los importados», el cual comanda el hoy panista, Gustavo Ortega Joaquin y que comparte con el verde, Jorge Emilio González Martínez.

El ex alcalde Cozumeleño, quien desde hace varios años radica en Baja California, ya empezó a mandar mensajes de querer la candidatura blanquiazul para el 2022, pero enfrente tendrá la competencia de la senadora, Mayuli Martínez Simón.

Mientras tanto el «niño verde» no quita el dedo del renglón y desde la CDMX mueve todos los hilos para obtener la candidatura de unidad para gubernatura por la alianza Morena-PVE-PT.

Y el grupo de los «muertos políticos» sigue creciendo, además de Miguel Ramón Martín Azueta, Julián Ricalde Magaña y del chetumaleño, Luis Torres Llanes, «sepultados» desde el 2018, se estarían agregando el de Cristina Torres Gómez, actual diputada panista; Laura Beristain Navarrete, presidenta municipal de Solidaridad y del senador morenista, José Luis Pech Varguez.

Es obvio que el 2020 y 2021 continuarán las negociaciones entre los grupos políticos y económicos de Quintana Roo, y es casi seguro, que a pesar de las inquietudes y «sueños guajiros» que tienen varios de los dirigentes estatales, las candidaturas se definan en la cúpula nacional.

La apuesta es tener tres candidatos para el 2022, el que proponga Morena y aliados, el que apadrine CJ y los grupos locales, y el que salte a escena para nivelar o desnivelar la balanza en caso que sea necesario.

Tiempo al tiempo…

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